LA IMPORTANCIA DEL TIEMPO

 


El tiempo, esa magnitud física con la que se mide la duración, simultaneidad y separación de los acontencimientos, lo que nos permite situarnos en relación a los hechos pasados, presentes y futuros y, en definitiva, de lo que se compone nuestra existencia en este mundo. 

Es curioso cómo a medida que vamos alcanzando cierta edad vamos siendo más conscientes de la fugacidad del tiempo. Su transcurrir parece hacerse más veloz con el paso de los años, como una bola de nieve que gana aceleración a medida que avanza. E igualmente evidente es la sensación de eternidad que experimentamos a edades tempranas, una inconsciencia maravillosa que nos facilita la proyección de sueños y metas a la vez que disfrutamos de un presente que parece no terminar nunca. Pero también, esa misma sensación de “tiempo infinito” suele ser el peor enemigo para alcanzar esos objetivos que nos marcamos, ya que cualquier meta requiere tomar acción, una acción que suele conllevar esfuerzos y sacrificios para los que paradójicamente no encontramos nunca el momento adecuado. O dicho de otro modo, cuando uno es estudiante piensa que llegará puntual a todas las citas y que las obligaciones pueden posponerse hasta última hora, en un ejercicio de inconsciente optimismo y procrastinación que en muchas ocasiones termina con accidentes en forma de suspensos o desperdicio de capacidades.

El mejor y primer consejo que yo suelo prescribir a los estudiantes (y que aprovecho para transmitir aquí) es que aprendan a gestionar su tiempo. De nada sirve tener una buena capacidad de comprensión, memorización o una aplicación de técnicas de estudio eficaces si no se controla el tiempo en los quehaceres diarios. Es el principal elemento sobre el que han de asentarse el resto y el que nos permite articular un hábito de estudio realmente efectivo.

Cuando hablamos de gestión del tiempo no nos referimos sólo a controlarlo respecto al estudio y ser constantes cada día (que también) sino a ser capaces de aprovechar cada momento de forma consciente, lo cual implica:

  • Aprovechar las clases. En cuántas ocasiones, cuando uno está en el aula ante una clase magistral, deja divagar su mente a lugares remotos como si fuese un monje budista capaz de disociar el cuerpo y la mente. Mientras que el primero permanece quieto en su silla, normalmente con cara de sueño o en el mejor de los casos asintiendo mecánicamente a las explicaciones, la segunda está fuera del colegio, charlando con amigos, imaginando escenarios de cualquier otro aspecto de su vida o simplemente perdida “en el limbo”. La oportunidad de aprendizaje que se pierde al no atender en clase es enorme. Cierto es que  cuesta mantener una concentración de hierro durante toda la jornada escolar, y que algunos contenidos (o su forma de transmitirlos por parte del docente) invitan a los viajes astrales con nuestra imaginación. Pero la mayoría del tiempo debería atenderse a unas explicaciones que después nos facilitarán enormemente la comprensión y el estudio en casa. Un truco para mantener esta concentración en clase, es tener un boli y una hoja a mano en la que anotaremos las veces que “se nos va el santo al cielo” en clase; al día siguiente, tenemos que intentar que el número de veces que nos despistamos sea menor. Otro ejercicio que puede aplicarse es tomar algunas notas o apuntes, aunque sean muy esquemáticos o simples palabras sueltas, sobre lo que está contando el/la profe. O incluso hacer “doodling” (garabatos) mientras escuchamos para mantener nuestra mente libre de pensamientos intrusivos. Lo importante es no perder el hilo de las explicaciones por completo, porque el tiempo dedicado a esa clase se va para no volver.
  • Utilizar adecuadamente nuestra agenda. Además de anotar los ejercicios que se mandan en cada clase o las fechas de exámenes y trabajos, es necesario anotar lo que hemos visto en cada materia para poder repasarlo en casa esa misma tarde. De ese modo, llevaremos nuestras asignaturas mucho más al día.
  • Elaborar un horario de estudio. Todo alumno que se precie tiene un horario escolar de sus asignaturas. En la mayoría de los casos, incluso, a todo color, decorados y con un aspecto limpio, ordenado y atractivo. Sin embargo, cuando hablamos del horario de estudio, aquel que nos permite organizar nuestras tardes cuando salimos del colegio...Silencio absoluto. Directamente no existe. Y este es uno de los principales problemas de todo estudiante: dejar al azar el tiempo dedicado al estudio. Debe haber un horario (si es igual de atractivo que el escolar, mejor) que refleje las actividades extraescolares, tiempo de repaso, tareas, estudio, descansos e incluso tiempo libre, con el objetivo de mejorar nuestra concentración y productividad, y tener acotadas cada una de nuestras actividades. Cuando sabemos que tenemos que estudiar/hacer deberes durante dos horas y luego tenemos un espacio de tiempo libre y descanso, la motivación aumenta y el tiempo se aprovecha mejor.
  • Evitar distracciones. Hablábamos antes de aprovechar bien el tiempo, y qué mejor estrategia para conseguirlo que eliminar todos los factores que lo impiden, destacando uno sobre todos ellos: las pantallas (móvil, tablet, videojuegos...). Debemos ser conscientes de que el uso excesivo de estos dispositivos no sólo impide la concentración en el momento de dedicarme a las tareas escolares, sino que tiene otros muchos perjuicios que interfieren en nuestro rendimiento durante el resto del día, incluso cuando no los utilizamos. Así que el control firme y disciplinado sobre ellos, debe ser una prioridad si queremos mejorar el rendimiento escolar.
Podríamos seguir desarrollando estos aspectos y otros muchos que determinan el correcto aprovechamiento del tiempo en los estudios, pero con esas cuatro pinceladas tenemos suficiente para ir empezando a esbozar un bonito cuadro: el de la creación de un hábito de estudio que nos ayude a lograr esas metas fantásticas que proyectamos cuando tenemos aún toda la vida (o casi) por delante. 

Para saber más sobre este tema y otros factores decisivos en el rendimiento escolar, te animo a leer mi libro, del que ya te he hablado por aquí en alguna ocasión: “Hacia el éxito escolar. Guía práctica para familias” (a la venta en Amazon y Academia Aldonza).

Y ahora no te robo más tiempo y me despido hasta la próxima, no sin antes recordarte esta famosa cita atribuida a William Shakespeare: “No malgastes tu tiempo, o el tiempo te malgastará a ti”.


Roberto Perales

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